¿Por qué valgo? Una reflexión espiritual, psicológica y filosófica sobre el valor humano
La pregunta “¿Por qué valgo?” no es trivial. Atraviesa nuestra identidad, nuestro sentido de vida y nuestra relación con los demás. Es un dilema existencial que acompaña a la humanidad desde sus orígenes.
Metámonos en esto:
¿Debo sentirme valioso por lo que hago o por lo que soy?
¿Mi dignidad depende de mis logros o permanece intacta incluso cuando no cumplo?
Este artículo aborda la pregunta desde tres dimensiones complementarias: la espiritual, la psicológica y la filosófica.
1. Una mirada espiritual: el valor como don y como esencia
Las grandes tradiciones espirituales coinciden en una verdad profunda:
El valor humano no se adquiere; es inherente.
La espiritualidad judeocristiana habla del ser humano como portador de una dignidad sagrada:
“Hombre y mujer los creó… a imagen y semejanza.” – Génesis 1:27
Esta idea significa que la persona vale, antes de cualquier acción, por su origen y por su naturaleza.
En la espiritualidad oriental, el valor se vincula al simple hecho de existir y estar conectado con la vida. El budismo plantea que cada ser contiene en sí la posibilidad del despertar; nada debe probar para ser digno.
Bajo este marco espiritual:
Vales porque existes. Vales incluso cuando tu hacer no coincide con tus expectativas.
Y esta verdad es liberadora: la dignidad no es algo que se gana; es algo que se reconoce.
2. Una mirada psicológica: el yo condicionado y el yo auténtico
La psicología ha observado que muchos seres humanos desarrollan un “yo condicionado”:
valgo si complazco, si produzco, si logro, si soy útil, si otros me aprueban.
Carl Rogers, uno de los padres de la psicología humanista, lo llamó “condiciones de valor”. Según él:
“El individuo se siente digno únicamente bajo ciertas condiciones que le imponen otros.” – Rogers, 1959
Cuando nuestra autoestima depende de estas condiciones externas, vivimos en fragilidad perpetua. Basta fallar, detenerse o equivocarse para sentir que “no valgo”.
En contraste, la psicología humanista propone el concepto de valor incondicional del yo:
“La persona es, por sí misma, un valor.” – Abraham Maslow
Viktor Frankl, psiquiatra sobreviviente del Holocausto, reforzó esta idea al observar a quienes, incluso en los campos de concentración, mantenían dignidad aun en la absoluta deshumanización:
“La dignidad humana no se pierde aunque uno esté hundido en la miseria.” – Frankl, 1946
La psicología coincide:
Nuestra valía no es negociable.
Lo que cambia no es el valor, sino nuestra percepción de él.
3. Una mirada filosófica: el valor ontológico frente al valor funcional
En la filosofía, este dilema es clásico.
Immanuel Kant afirmó que la persona posee un valor absoluto llamado dignidad, que no depende de utilidad alguna:
“En el reino de los fines, todo tiene un precio o una dignidad.
Lo que tiene precio puede ser reemplazado;
lo que tiene dignidad no admite equivalente.” – Kant, 1785
Para Kant, el valor funcional (sirvo para…) puede cambiar, pero el valor ontológico (valgo porque soy persona) es inmutable.
El filósofo personalista Emmanuel Mounier lo expresó de forma hermosa:
“La persona es un absoluto; nunca un medio sino un fin.” – Mounier, 1949
El existencialismo cristiano, representado por Gabriel Marcel, plantea que el valor humano es misterio, no cálculo:
“El ser humano no se mide: se acoge.” – Marcel
A nivel filosófico, por tanto, la conclusión es clara:
El valor por el ser precede al valor por el hacer.
El hacer es valioso porque nace del ser, no al revés.
4. ¿Qué lugar ocupan mis logros?
Reconocer el valor intrínseco no significa despreciar el hacer.
Más bien lo ordena:
el hacer ya no es una condición para valer, sino una expresión de lo que soy.
El personalismo lo explica así:
“La obra no crea a la persona, la manifiesta.” – Mounier
Es decir, mis acciones muestran mi interior,
pero no lo reemplazan.
No tengo que demostrar mi valía: parto desde ella.
5. ¿Debo sentirme valioso siempre?
La dimensión espiritual dice: sí, porque tu existencia es un don.
La psicológica afirma: sí, porque tu identidad está antes que tus logros.
La filosofía responde: sí, porque tu dignidad no depende de condiciones.
Sentirme valioso no es un acto emocional, sino un acto de conciencia.
No es autoestima superficial; es reconocimiento existencial.
Conclusión: el valor como fundamento, no como premio
El dilema se resuelve así:
Valgo por quien soy. Mi hacer importa, pero no define mi esencia.
Puedes fallar, detenerte, cambiar de rumbo, perder, equivocarte, y aun así seguirás valiendo.
Porque tu dignidad no es un resultado; es un origen.
“La vida nunca deja de tener sentido;
la dignidad humana nunca se pierde.”
— Viktor Frankl
Esa es la verdad que necesitamos recordar:
el valor no es un premio por cumplir. Es la plataforma desde la cual vivimos, crecemos y creamos.
Maestro, Artista, Coach Educativo.
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